Soy Sabrina Natalia Brieva.
Víctima y sobreviviente de violencia.
Participo enviando un texto armado con “recortes” del
libro “Rompamos el silencio. Prevención y tratamiento de la violencia en la
familia” de María Elena Mamarian y agregando “a penas” lo que siento sobre mi
experiencia, porque estoy convencida –como dijeron Aldous Huxley y José María
de Pereda- que experiencia no consiste sólo en lo que se ha vivido y no es lo
que nos sucede, sino en lo que se ha reflexionado y lo que se hace con lo que nos
sucede.
Participo porque he comenzado a
sentir el deseo y la necesidad de querer contar. De ponerle voz a lo que he
pasado y vivido, y de querer levantar la voz por los que no la tienen, y
hacerles justicia.
Participo en el nombre de Hebe
Rulli y su hijo Agustín Romero, fallecido en un accidente de tránsito que
podría haberse evitado porque fue ocasionado intencionalmente por su
progenitor, quedando vivo éste y su hermano mellizo Mateo ambos de 7 años, que
aún se encuentra internado en grave estado en el hospital, último caso sucedido
en la ciudad de Concordia, Entre Ríos y que ha sido informado en diferentes
medios de comunicación nacionales.
Participo como sobreviviente,
porque es un sufrimiento del cual acarreamos tristes consecuencias, como la
culpa, el temor y la vergüenza, que dificultan el rehacer nuestra vida, e
incluso, pudiendo afectar y dañar una nueva relación. Temor hasta de morir o de
que nos destruyan muriendo aún estando en vida, sí hacen daño o matan a un
hijo.
Y porque concuerdo con la OMS que
en un sentido amplio, “la violencia es el uso intencional de la fuerza o el
poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otras persona o un
grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones,
muerte daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones” La
inclusión de la palabra “poder”, además de la frase “uso intencional de la
fuerza física” amplía la naturaleza de un acto de violencia para dar cabida a
los actos que son el resultado de una relación de poder, incluidas las amenazas
y la intimidación. Decir “uso del poder” también sirve para incluir el descuido
o los actos por omisión. Además de los actos de violencia por acción, más
evidentes. Por lo tanto, debe entenderse que “el uso intencional de la fuerza o
el poder físico” incluye el descuido y todos los tipos de maltrato físico,
sexual y psíquico. Esta definición cubre una gama amplia de consecuencias,
entre ellas los daños psíquicos, las privaciones y las deficiencias del
desarrollo. Numerosas formas de violencia contra las mujeres, los niños y los
ancianos, por ejemplo, pueden dar lugar a problemas físicos, psíquicos y
sociales que no necesariamente desembocan en lesión, invalidez o muerte. Estas
consecuencias pueden ser inmediatas, o bien latentes, y durar muchos años
después del maltrato inicial. Por lo tanto, definir los resultados atendiendo
en forma exclusiva a la lesión o la muerte limita la comprensión del efecto
global de la violencia en las personas, las comunidades y la sociedad en general.
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